La palabra domótica hace referencia a la automatización de los procesos funcionales de una casa, sean éstos orientados a iluminación, comunicaciones, seguridad, confort o entretenimiento.
Los proyectos de soluciones para domótica empezaron a materializarse específicamente en edificios a comienzos de los años 70 en Estados Unidos, Alemania y Japón, posteriormente, en la década de los 80 ésta tecnología comenzó su expansión hacia los hogares, sin embargo el desarrollo de dispositivos para domótica estaba limitado a los recursos disponibles de la época y las personas la percibían como un lujo más que una solución. La necesidad de utilizar cableado para la comunicación entre dispositivos, con la consecuencia de tener que realizar obras civiles, el bajo rendimiento de los procesadores de cómputo, memorias y baterías de mínima capacidad entre otras falencias de carácter técnico, desanimaba a los más asiduos consumidores tecnológicos, sumado a que el precio era prácticamente prohibitivo.
Posteriormente, a partir del final de la década de los 90, con el surgimiento de las comunicaciones inalámbricas, la miniaturización y mejora de los elementos electrónicos, la domótica se consolidó como una solución tecnológica en el ámbito urbanístico, tanto que al día de hoy no es posible concebir una edificación de uso comercial sin un sistema de control automatizado por lo menos de nivel básico, tal como el sistema de detección de incendios, control de iluminación, control de acceso, videovigilancia, comunicaciones, etc. Además que gracias a la masificación por la demanda que hoy en día tienen estos sistemas, su valor es bastante atractivo para la mayoría de personas y su montaje muy práctico ya que, contrario a lo que sucedía en sus orígenes, se ha eliminado casi que por completo la necesidad de realizar intervenciones de obra civil para su instalación.